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UNA CARTA PARA SU SANTIDAD DE UNA CHINA |
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24.08.2008 |
Venerado Dalai Lama,
Tengo que decirle que mi impresión sobre usted en mi infancia y juventud era la de que usted era un desollador de piel humana, un demonio que tomaba carne de huesos humanos. Sólo por ese dato, usted probablemente adivine que soy una china Han. En efecto, crecí dentro del sistema de educación comunista. Pero en 1997, tuve la oportunidad de viajar a Tíbet, esa fue la primera vez que (secretamente) vi su fotografía, su amable y compasivo rostro, y esto me hizo dudar de la propaganda comunista.
En el Festival del Boddisattva de la Buena Fortuna este año, fui
temprano al Templo Zulakang donde la cubierta del Boddisattva había
sido removida ya, y en la luz mientras veía su rostro, el sonido de una
voz crecía detrás de mí. Era el afligido aunque excitado sonido de una
voz anciana. Allí ante el hall de Songsten Gampo, ella cantaba mientras
rociaba vino en una copa frente a la estatua. Hombres, mujeres e
incluso niños se unieron inmediatamente en el canto, y cuando la
policía apareció, sus voces sonaron incluso más brillantes… “Ellos
están orándole al Dalai Lama” me dijo un monje en voz baja.
Ese día, me mudé de mi hotel a la anterior casa de un comerciante del
Barkhor. Antes de 1959, la señora de la familia usaba ropas que valían
30.000 o 40.000 renminbi, pero ahora todo lo que le quedaban eran dos
conjuntos de ropa. La casa que le había sido dejada por sus ancestros
había sido demolida. La nueva casa parecía ser mejor, pero era menos de
la mitad del tamaño de la vieja, no había agua corriente y los baños
comunes estaban constantemente bloqueados, enviando su insoportable
hedor justo hacia la calle Barkhor. Esta mujer no tenía quejas sobre
haber sido saqueada por los comunistas, pero había algo que ella decía
constantemente, en voz baja, yo podía ver sólo sus labios moviéndose.
Yo pensé que ella estaba recitando el mantra, “Desea una mejor vida por
venir”. Pero un día, cuando hubo sólo dos de nosotros y vio que no
había nadie de afuera, ella dijo que estaba recitando una oración de
larga vida para usted.
En abril de 1999 fui a Tíbet por segunda vez donde viví en la casa de
unos granjeros de la aldea de Rizhika en el municipio de Jiru, en el
condado de Zalang en la prefectura de Rikaze. No había agua corriente
ni electricidad allí. Al amanecer de cada día, la familia caminaba
hasta el río para acarrear agua y en las noches incluso los niños
pequeños se sentaban alrededor de la suave lámpara de aceite,
enrollando lana. Vender fieltro era el único medio de vida que tenían
los aldeanos. Nuestra comida era muy simple, con papas para dos comidas
al día (aparte de gachas para el desayuno) era un lujo. Pero allí en la
casa, en el lugar donde entraba la mayor luz, había una fotografía suya
en un exquisito marco cubierto todo alrededor con una larga kata
blanca.
Más tarde, elegí trabajar en Tíbet. Como editora y periodista tuve la
oportunidad de reunirme con algunos tibetanos que trabajaban en las
oficinas del Partido Comunista Chino, y con mis propios ojos vi cómo,
en los más secretos lugares de sus casas, ellos tienen fotografías
suyas y lámparas de mantequilla de yak que nunca habíann sido
encendidas.
Usted no es el enemigo del pueblo tibetano, usted es el padre del
pueblo tibetano; usted es la fuente de la compasión y la felicidad del
pueblo tibetano. Usted es Yeshe Norbu, la joya del deseo cumplido del
pueblo tibetano; usted es Kundun, quien siempre aparecerá ante todos
los tibetanos cuando ellos lo llamen; y usted es Gyalwa Rinpoche, más
alto que todos los reyes y el más precioso de todos los tesoros. Y
evidentemente, las autoridades comunistas no liberaron al Tíbet, ellas
robaron al Tíbet, ellas no sembraron felicidad, ellas crearon
sufrimiento.
Escuchando su conferencia en Madison, Wisconsin, me sentí plena de
emoción. Un océano de sabiduría budista de la mayor profundidad y por
grado cada vez más complejo fue sistemáticamente expuesto por usted,
hasta que milagrosamente se convirtió como en lluvia, nutriendo y
vitalizando a sus oyentes; usted hizo lo máximo para responder las
preguntas de cada uno, abrazando los más pequeños fragmentos de dolor y
sufrimiento individual; e incluso cuando alguien le preguntó sobre las
relaciones China-Tíbet, con paciencia ilimitada y preocupación, usted
enfatizó la excelencia de la nación china, y animó un intercambio
amistoso entre los pueblos chino y tibetano. Y el mal de los
comunistas, sus intrigas, su corrupción, su dictadura, cuando se
compare con su compasión, su transparencia, su honestidad y democracia,
todo se someterá a la prueba del tiempo.
En marzo de este año, el cruel dominio colonial de 50 años de los
comunistas en Tíbet, dio origen a protestas pacíficas, no-violentas en
más de cien lugares a través de las áreas tibetanas. La tragedia es que
los líderes comunistas no sólo han fallado en reflexionar sobre o
ajustar sus políticas en Tíbet como resultado, sino que en forma
condescendiente ellos en efecto le ordenaron a usted los “cuatro
(aspectos) a no apoyar” como precondiciones al diálogo, haciendo de la
cuestión al rojo vivo del Tíbet, un problema para usted personalmente.
Su intención es sofocar e incluso matar la cuestión tibetana, y Tíbet
se ha convertido en una enorme prisión. Se dice que en Lhasa, una de
cada tres personas es un oficial de policía de particular. Los
militares han ido incluso a las aldeas más remotas y todas las llamadas
desde fuera (especialmente las llamadas del extranjero) están siendo
monitoreados.
La cultura de Tíbet es profunda y extensiva, antigua y progresiva, y
hace mucho yo vi la belleza de sus tradiciones en el pueblo tibetano;
devoción, amabilidad, gratitud, benevolencia; y ¿qué le ha dejado la
cultura china de 5000 años al pueblo Han? Naturalmente, no todo ha sido
exquisito, y las autoridades chinas han usado aquellas escorias para
esclavizar al pueblo tibetano con “tradiciones de beneficio sin igual
para la humanidad”. En el siglo veintiuno cuando la gente salta la
valla de sus países en una búsqueda común de libertad, democracia y
derechos humanos, y por el respeto de la singularidad de su cultura
étnica, es precisamente un comportamiento colonial como este el que el
mundo rechaza como una inmundicia. Hay más y más libre pensadores e
incisivos intelectuales en China que están comenzando a ver a través de
los comunistas, públicamente expresando sus opiniones independientes
sobre la cuestión tibetana, demandando un final al dominio totalitario,
la implementación de libertad de expresión y libertad de prensa, y el
retiro de las acusaciones contra usted de ser “separatista de la madre
patria” y demandando “una resolución del problema de Tíbet mediante el
respeto, la tolerancia, la consulta y el diálogo”.
En casi treinta años de reforma y apertura, la tendencia ha guiado a
China a convertirse en una “gran nación”. En realidad, esto no es más
que “ya que China entra en la corriente internacional, está enganchado
en la carrera hacia la globalización”. La pérdida de moralidad ha
calado incluso en las más remotas aldeas, y la maldad y la disipación
se han convertido en moda. Ser anfitrión de las Olimpiadas bajo
circunstancias tales como estas inevitablemente va contra el espíritu
olímpico. La prosperidad superficial no puede concebir el vacío dentro.
La necesidad de reformar la mala gestión pública es un hecho que siente
cada persona china. Si los líderes comunistas continúan siendo
arrogantes e imperiosos sobre la cuestión de Tíbet y coaccionan y
pisotean al pueblo tibetano, y engañan a las masas chinas, y si ellos
continúan negando su irremplazable valor hacia la paz en el mundo y sus
contribuciones espirituales incomparables y adhieren a la lógica
inhumana de que “el poder crece desde el cañón de una pistola” sus días
tendrán un súbito final en un no muy distante amanecer. ¡No hay duda
que usted retornará a su tierra! Cuando usted se reúna con el sufriente
pueblo tibetano, por favor extienda la cálida luz de su benevolencia
sobre los pesados pecados de la vasta tierra de China.
¡Pueda el barco de su compasión estar entre nosotros por siempre!
De una Han que se compadece del sufrimiento del pueblo tibetano, y quien tiene un respeto sin límite hacia usted.
Zhu Rui.
nota: La traducción al inglés de la carta abierta es reproducida del
sitio web de la Campaña Internacional por el Tíbet con sede en
Washington, DC. La escritora Zhu Rui, quien vivió y trabajó en Tíbet
por varios años, ahora reside en Canadá.-
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Última modificación ( 24.08.2008 )
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